Hace unas semanas conté la historia del día que un Director de Compras en México nos dio 60 segundos para explicar a qué nos dedicábamos — y mi jefe, con 30 años de experiencia, no supo decirlo.
Esa historia hablaba de un profesional que no supo sintetizar un solo negocio.
La de hoy habla de algo peor: tener cinco negocios y no saber sintetizar ninguno.
La pregunta que nos paraliza
Si eres multipotencial, conoces la escena.
Cena con amigos. Evento. Reunión. Alguien nuevo. Y llega la pregunta:
”¿A qué te dedicas?”
Tres segundos. Eso es lo que tienes antes de que la otra persona se forme una impresión. Y en esos tres segundos te pasa algo que no le pasa a nadie más en la sala:
Te pasa la película entera.
Software. Editorial. Formación. Contenido digital. Comunidad. Consultoría.
¿Cuál digo? ¿Las digo todas? ¿Empiezo por la más “respetable”? ¿Por la más reciente? ¿Por la que entienda esta persona?
Y mientras tu cabeza decide, tu boca ya está improvisando.
He probado las tres versiones que existen y todas fallan.
La versión larga aburre. Empiezas a enumerar facetas y ves cómo los ojos del otro se desconectan en la tercera.
La versión corta miente por omisión. Eliges una faceta y sientes que estás amputando el 80 % de lo que eres.
La versión evasiva insulta. ”Un poco de todo.” Suena a que no haces nada bien.
Ninguna funciona. Y cada respuesta diferente que das confirma lo que más temes: que estás dispersa. Que no tienes un hilo. Que eres un puzzle con piezas de cajas diferentes.
El error que cometemos
Intentamos explicar lo que hacemos.
Software. Libros. Formación. Consultoría. Contenido.
Pero eso es la lista de ramas. Y nadie entiende un árbol mirando las ramas por separado.
En aquella sala de México, lo que salvó la reunión no fue enumerar servicios. Fue decir para quién trabajábamos, qué problema resolvíamos y qué resultado conseguíamos. Una frase. Treinta segundos.
El problema es que aquella frase servía para un solo negocio.
¿Y cuando tienes seis?
Lo que necesitas (y lo que no)
No necesitas un elevator pitch mejor. No necesitas ensayar una frase más pulida ni memorizar un guion.
Necesitas encontrar algo que yo llamo centro gravitacional: la frase que describe no lo que haces, sino por qué lo haces todo.
No, qué. Por qué.
Tu centro gravitacional es el tronco del árbol. Las facetas son las ramas. Cuando alguien te pregunta “¿a qué te dedicas?”, no necesitas describir cada rama. Necesitas mostrar el tronco.
El mío es: ”Convierto experiencia en sistemas.”
Eso conecta el software industrial (convertir procesos de fábrica en sistemas eficientes), la editorial (convertir ideas en libros-sistema), la formación (convertir expertise en sistemas enseñables) y todo lo demás.
No son seis negocios inconexos. Son seis manifestaciones del mismo impulso.
Y cuando lo digo, la reacción cambia. En vez de confusión, hay curiosidad: ”¿Y cómo haces eso?”
Esa pregunta es la señal de que funciona.
Lo que no te cuento (porque me llevó 18 meses)
Aquí es donde normalmente un artículo te daría “3 preguntas para encontrar tu centro gravitacional” y te mandaría a casa a responderlas.
No voy a hacer eso. No porque no quiera ayudarte, sino porque sería mentirte.
Encontrar tu centro gravitacional no se resuelve con 3 preguntas en una servilleta. Lo sé porque yo lo intenté. Y fracasé. Tres veces.
La primera vez que creí tener mi centro gravitacional, escribí: “Ayudo a profesionales a crecer”. Suena bonito. No dice nada. Describe a la mitad de LinkedIn.
La segunda vez: “Creo herramientas digitales para profesionales”. Más concreto. Pero deja fuera la editorial, los libros, la formación presencial. Seguía describiendo ramas.
La tercera vez me acerqué. Pero me llevó semanas de conversaciones, de revisar los patrones de toda mi carrera, de que alguien externo me señalara conexiones que yo no veía porque estaba demasiado dentro.
Porque ese es el problema: el centro gravitacional es algo que los demás ven antes que tú. Es como intentar leerte la espalda. Sabes que hay algo ahí. Pero necesitas un espejo.
Mi proceso real fue: mapear las 6 facetas con sus audiencias, problemas y resultados. Cruzarlas. Buscar el verbo que se repetía en todas (convertir, sistematizar, estructurar). Probar formulaciones. Descartar las que sonaban a marketing. Quedarse con la que sonaba a verdad.
Tardé 18 meses.
Después lo convertí en un sistema que lo hace en 6 horas. Se llama PRISMA. Y empieza exactamente por aquí: por el centro gravitacional.
Lo que cambia cuando lo tienes
La pregunta “¿A qué te dedicas?” deja de ser una amenaza.
No porque tengas una frase ensayada. Sino porque ya no estás improvisando. Sabes lo que conecta todo. Y eso te da algo que ningún elevator pitch puede dar: seguridad.
No la seguridad de tener la respuesta perfecta. La seguridad de saber quién eres.
Y de pronto los 30 segundos no son un examen.
Son una invitación.
Pero hay un matiz que me costó entender: el centro gravitacional solo es la primera pieza. Saber quién eres no resuelve cómo lo comunicas en 5 redes sociales diferentes, ni cómo diseñas una web que refleje todas tus facetas sin parecer un bazar, ni cómo crear contenido en una faceta que nutra a todas las demás en vez de fragmentarte más.
De eso hablaremos las próximas semanas.
La siguiente: qué pasa cuando “hago muchas cosas” suena a excusa y por qué el problema no es lo que dices, sino lo que la otra persona proyecta.
¿Cuál es tu versión? ¿Das la respuesta larga, la corta o la evasiva? ¿Has intentado encontrar tu tronco? ¿Cuántas veces has creído tenerlo y descubriste que era otra rama? Cuéntamelo en los comentarios.
P.D.: Si te estás preguntando cómo funciona PRISMA: son 4 herramientas (NÚCLEO, SELLO, PORTAL, PULSAR) que en unas 6 horas te llevan de “no sé cómo explicar lo que hago” a tener centro gravitacional, perfiles coherentes, arquitectura web definida y contenido que conecta todas tus facetas. Aquí puedes verlo. Sin urgencia. Sin plazas limitadas. Solo cuando estés listo/a.



