Hay días en que me levantaba sintiéndome un fraude en cinco idiomas diferentes.
No es broma.
A las 9 de la mañana tengo una llamada con un cliente de software industrial. Mientras preparo la reunión, una voz en mi cabeza susurra: ”Llevas años usando la misma plataforma de programación. ¿Realmente sigues siendo ingeniera?”
A las 11 reviso el manuscrito de un autor que quiere publicar con Ediciones85. La voz vuelve: ”A pesar de haber autopublicado 8 libros, no tienes formación reglada como escritora o editora. ¿Quién eres tú para asesorar a otros escritores?”
A las 14 grabo un episodio del podcast de 50+ En Acción. Y ahí está otra vez: ”Hay gente con audiencias diez veces más grandes. ¿Por qué deberían escucharte a ti?”
A las 17 respondo emails de Club Zeta. ”¿De verdad crees que puedes enseñar a otros a construir negocios digitales? Tú misma sigues aprendiendo.”
A las 20, agotada, miro el planificador Hazlo Real que diseñé. ”¿Un planificador de alta productividad?. Cualquiera puede hacer un planificador.”
Cinco facetas. Cinco versiones del síndrome del impostor. Todos los días.
El problema de los multipotenciales
Cuando tienes una sola profesión, el síndrome del impostor es manejable. Incómodo, pero manejable.
Puedes combatirlo acumulando credenciales, experiencia, resultados. Con el tiempo, la voz se va apagando. O al menos baja el volumen.
Pero cuando tienes múltiples facetas, el impostor se multiplica.
Y lo peor: cada faceta alimenta el impostor de las otras.
”Si fueras realmente buena en software, no necesitarías tener una editorial.”
”Si fueras realmente buena como formadora, no seguirías con el software.”
”Si fueras realmente buena en algo, te dedicarías solo a eso.”
Es un círculo vicioso donde tu propia diversidad se convierte en evidencia de tu mediocridad.
La mentira que nos contaron
Pero esto tiene trampa:
El mundo valora a los especialistas. A los expertos en UNA cosa. A los que pueden decir “llevo 30 años haciendo exactamente esto”.
Y los multipotenciales internalizamos esa narrativa.
Creemos que nuestra diversidad es dispersión. Que nuestra curiosidad es falta de compromiso. Que si fuéramos “realmente buenos”, no necesitaríamos tantas facetas.
Pero es mentira.
Lo que descubrí sobre mis cinco “impostores”
Un día, en lugar de pelear con las voces, decidí escucharlas.
No para darles la razón. Para entender qué estaban protegiendo.
Y descubrí algo:
El impostor del software susurraba: “Si fueras ingeniera de verdad, no habrías necesitado montar una editorial.”
El impostor de la editorial respondía: “Si fueras editora de verdad, no seguirías agarrada al software.”
El impostor de 50+ En Acción añadía: “Si supieras de lo que hablas, te dedicarías solo a esto.”
El impostor de Club Zeta insistía: “Enseñas demasiadas cosas. Los expertos enseñan una.”
El impostor de Hazlo Real remataba: “Un planificador, una editorial, software, formación... ¿En serio? Elige.”
¿Ves el patrón?
Todos los impostores decían lo mismo: si fueras buena de verdad en algo, no necesitarías todo lo demás.
Cada faceta era evidencia contra las otras.
Mi diversidad se había convertido en prueba de mi mediocridad.
El reframe que lo cambió todo
Aquí está lo que aprendí:
El síndrome del impostor del multipotencial no se cura eligiendo una faceta.
Se cura integrándolas.
Cuando dejé de ver mis facetas como competidoras y empecé a verlas como expresiones diferentes del mismo centro, el impostor perdió su argumento principal.
Ya no tenía que defender cada faceta por separado. Podía defenderlas juntas.
Soy alguien que ayuda a profesionales a sistematizar su conocimiento y hacerlo visible. Lo hago a través de software, libros, formación y herramientas. Cada canal refuerza a los otros.
El impostor no sabe qué hacer con eso.
La ventaja oculta
Y aquí viene lo que nadie te cuenta:
La multipotencialidad no es una debilidad. Es una ventaja competitiva.
Porque puedo ver patrones que un especialista no ve. Porque puedo conectar ideas de mundos diferentes. Porque mis clientes de software se benefician de lo que aprendo con escritores, y mis alumnos de 50+ En Acción se benefician de décadas de gestión industrial.
Mis facetas no compiten entre sí. Se fertilizan mutuamente.
Para ti, que también te sientes impostor/a en varios frentes
Si tienes múltiples facetas y el síndrome del impostor te ataca desde varios ángulos, ten esto presente:
No eres un fraude por hacer muchas cosas. Lo eres mientras finjas que cada faceta existe aislada de las demás.
La solución es encontrar el centro que las conecta y dejar que se refuercen.
Cuando lo haces, el impostor pierde su poder. Porque ya no estás defendiendo cinco territorios separados. Estás defendiendo uno solo, con cinco expresiones.
La próxima semana hablaré sobre la presión externa. Esa que viene de la familia, los amigos, el mundo:
”¿Pero cuándo vas a centrarte en algo?”
Spoiler: no tienes que responder a esa pregunta. Tienes que cambiar la pregunta.
¿Cuántas versiones del síndrome del impostor conviven en tu cabeza? Cuéntamelo en los comentarios
P.D.: PRISMA, el sistema que he creado, tiene como primer paso exactamente esto: mapear todas tus facetas y encontrar el centro gravitacional que las une. Porque hasta que no lo ves claro, el impostor tiene razón: parecen piezas sueltas. Cuando lo ves, se convierte en un sistema. ¿Quieres ser de los primeros en probarlo? Abrí 15 plazas a precio fundador: 97 € en lugar de 197 €. Solo quedan 11. Cuando se llenen, se acabó. Usa el código PRISMA50B.


